24 junio 2010

Es un flash

No me tiemblan las rodillas cuando distintos artículos de diario y especiales de noticiero intentan convencerme de que el msn y los mensajes de texto van a conducir a la juventud a un empobrecimiento lingüístico tal que podría revertir años de esmerada civilización. El idioma sirve mientras comunique, y entre los que manejan ese código hay comunicación.

Lo que no soporto, y que pone a una persona inmediatamente en la categoría de gente-con-la-que no-quiero-hablar es cuando no se esfuerza en frotar sus dos neuronas para producir una puta chispa que le permita decir algo más que
"es un flash"
"uh loquísimo"
"qué cuelgue"
Etc.

Ejemplos del uso en el diálogo:

A: "ayer corté con mi novio"
B: "uh.. qué flash"

A: "¿cómo estuvo el recital?"
B: "un cuelgue total.. jeejejjaejejrhej"

Al principio uno puede pensar que no entendió lo que el otro quería decir, pero la verdad es que detrás de esas expresiones no hay nada que entender. Todas son variaciones de "bueno" y "malo", y a veces la misma palabra significa las dos cosas.

Pero lo peor es la estética de drogado buena onda que pretende emanar la gente que habla así, como si no poder articular un pensamiento fuera algo deseable y que cae bien. Ni siquiera se esfuerzan por dar una opinión, creen que hablar con ambigüedades durante toda una conversación es un intercambio en el que el otro queda satisfecho. Como si el no ponerse en ninguna posición respecto de nada, para básicamente coincidir con el otro en todo lograra generar simpatía.

Así que a vos te digo, pendejo de chupines y campera de cuero, o de rastas y pantalones de piyama: no sólo no me parece simpático, sino que estás quedando como un boludo.

21 junio 2010

Me chupan un huevo los famosos

Ayer a la noche estaba afuera de un bar con algunos amigos, cuando se acerca a nosotros una chica de veintipico años, colgado al cuello un cartel enorme que decía "¿Qué tiene Natalia Oreiro que no tenga yo?" y en la mano un cuaderno y una lapicera que nos extendió para que respondiéramos a la pregunta. Me cagué de risa y sin pensar escribí "¡¡A MOLLO!!" ocupando dos renglones porque me fallaba la motricidad fina y no veía bien lo que escribía. Las opiniones de los demás fueron más duras: mi hermana, a los gritos, opinó "¡tetas y culo! ¡y más onda!" la chica se fue notablemente amargada, y al rato pensé en la respuesta que hubiera dado si hubiera tenido que decir algo en serio:

¿Qué carajo te importa qué tiene Natalia Oreiro, que no tengas vos?

¿Qué es lo que tanto le intriga a la gente acerca de los famosos? ¿Realmente ven en ellos algo que a su vida les falta? Respondeme vos, ¿qué tiene Natalia Oreiro que a vos te quite el sueño un sábado a la noche, tanto como para salir a preguntarle a gente borracha qué opinan del asunto? Si era algún tipo de chiste, no lo entendí. Las respuestas son obvias: plata, belleza, fama. ¿Y qué importa? Realmente.

Volviendo a qué le intriga a la gente acerca de los famosos, dudo que todos deban su fama al factor envidia (ser todo lo que una ama de casa de clase media no es), si no, ¿cómo se explica a Ricardo Fort? Al parecer todo el mundo lo detesta, no hacen más que reírse de él, y parece que por eso lo mantienen sobre el escenario, para darle con palos como a una piñata mexicana. También como representante carnavalesco y descerebrado de los obscenamente ricos, enemigos por naturaleza de la clase social que ve a Tinelli. Cuando descubrimos con una amiga que el grupo de Facebook "Que la crisis la paguen Ricardo Fort y sus amigos" no era irónico, no parábamos de reírnos. ¿Ricardo Fort, responsable de la crisis? Las 2.700 personas que se unieron no saben ni siquiera identificar la causa de la crisis, así que con ellos no se puede contar para que contribuyan resolverla.